a ocho manos

blog en tinta de calamar

a ocho manos header image 2

Vil metal… Latón… Brass

Publicado el 29 de abril de 2008 dentro de adicciones · 1 comentario

Hace tiempo que quiero hablar de el gran hallazgo de los últimos tiempos.

De vez en cuando, supongo que pasa en todas las aficiones, te llevas una sorpresa que no esperabas y que deseas contar una y otra vez. Es el caso, desde mi punto de vista y para nuestro hobby, del juego de mesa Brass del diseñador británico Martin Wallace. Hacía mucho tiempo que no caía en nuestras manos un juego tan bonito, inteligente, apasionante, tenso, delicadamente sesudo.

Y es que hacía tiempo ya que venía leyendo y releyendo en diferentes puntos de las virtudes de la cajita en cuestión… Y por fin, después de probarlo hace unas semanas y de conseguirlo hace unos días para poder jugar unas cuantas veces más… Puedo decirlo, es el juego del mes y casi diría, sin miedo a equivocarme, el juego del año entre nuestro grupo habitual.

Brass de Martin Wallace

Brass es un juego ambientado en la revolución industrial de entre el S. XVIII y el S. XIX. Su tablero de juego es un mapa que representa la región inglesa de Lancashire en cuyas ciudades se dio un auténtico y frenético boom de la minería y la industria del algodón – en 1830 el 83% del algodón del mundo se procesaba allí. En esos tiempos el latón se convirtió en un metal tan preciado que la gente hacía referencia al dinero directamente con esa palabra: Brass, latón.

Y por todas estas características se puede imaginar que los jugadores toman el rol de empresarios de la época que con su latón han de construir un pequeño imperio que produzca nuevos ingresos para evolucionar, producir más, crecer y expandirse: en la primera fase del juego sólo a través de canales y en la segunda ya con vías de ferrocarril.

Puedes ir construyendo fábricas en las diferentes ciudades: minas de carbón, siderurgias, algodoneras, puertos y astilleros… Además de las vías de comunicación (canales o vías) que harán que tu carbón, acero, algodón, pueda ser llevado a otras industrias o puertos para venderse.

Todo esto se hace a través de un sistema de turnos muy bien pensado en el que los jugadores van jugando cartas para realizar cada una de sus construcciones, ventas, compras, créditos, etc. Sí, sí, créditos; durante el juego el dinero está muy muy ajustado y te ves obligado a pedir créditos para poder afrontar algunas inversiones. Al final de la época de canales se realiza un balance general y un recuento de puntos que se repetirá al final de la partida tras la época de los ferrocarriles. Sólo te darán puntos aquellas empresas que hayan sido explotadas y cuya producción haya sido vendida, a otras industrias (tuyas o de otros jugadores) o al mercado exterior.

En definitiva, un juego de los grandes, que recuerda un poco al otro grande de Wallace: Age of Steam (número 11 de la clasificación mundial de Board Game Geek). Pero Brass tiene algo, no sé aún qué, que lo hace más elegante, creo yo.

Está editado por Warfrog Games, la propia editorial del autor y los materiales son excelentes y, como es habitual en Wallace, las fichas son de madera. Ahora mismo se puede encontrar en algunas tiendas de Madrid, Barcelona y otras ciudades. Así como en tiendas en internet como La PCra, Planet On Games, Dracotienda, Excálibur, etc. Su precio oscila entre los 30 y los 40 € dependiendo de la tienda. Pero merece mucho la pena, de veras.

El juego es absolutamente independiente del idioma, es decir, no hace falta saber inglés para jugarlo ya que todos los componentes están hechos pensando en esto. Sólo has de conseguir una traducción de las reglas al español (ésta es cortesía de Mario Águila) y ya está.

Ah, aunque el juego, en principio, es para tres o cuatro jugadores existe una variante para dos que funciona fantásticamente bien. ¡A disfrutar!

Etiquetas: · , , , ,

Compartir

1 respuesta ↓

  • 1 Fragmentismo » Blog Archive » Brass // 29 - abril - 2008 at 1:14 pm

    […] Pues iba yo tan contento y tan feliz a escribir una no-reseña sobre el Brass, cuando acabo de ver que se me ha adelantado calamar. […]

Haz tu comentario