Feniletilamina

Feniletilamina

He encontrado un viejo soneto, sin fecha y sin título.
Lo he revisado y aquí está, tal cual.

Ni la feniletilamina puede
decirnos qué nos pasa cuando vamos
de la cama deshecha hasta los tramos
de suelo sin bailar. ¿Ya son las nueve?

Madrid, Chet Baker… todo lo que quede
de noche por delante… Y conversamos
de vicios, de la vida, los hermanos
que nos ven cara de tontos y puede

que tengan razón. A mi no me importa
que dejes pedacitos en mi casa
de los alrededores de tu ahorta.

Porque, sin quererlo, el tiempo pasa
volando y nos congela. Reconforta
cada beso y cada abrazo traspasa.

Oleo y aurora

Un amigo infalible en las mañanas
que despierta papilas y deleites
y ese brillo dorado… ¡Ay!, aceite
que vienes a quitarme las legañas

de los ojos y el alma, telarañas
que han ocultado todo, sin motivo,
tras un mantón que ayer tumbó un olivo
y hoy haces que parezca una patraña.

Te invento nombres para hacerte coro
y me sueño bebiendo tus esencias
que me saben a historias de esta tierra.

Y no te cambio aunque fuera por oro
porque tu beso contiene más ciencia
que todos los sabios de esta vida perra.