Levedad (Charla de Domingo I)

La insoportabel levedad del ser, de Milan Kundera, RBA
Hoy, tras las tareas vespertinas, hemos tenido un rato de «charla literaria». Porque, aunque siempre nos reímos al decirlo, es cierto: Domingo y yo hablamos mucho de literatura. Entre otros temas.

Esta tarde, cayendo ya el sol, en el porche de su casa, comentábamos mi apasionante lectura actual: La insoportable levedad del ser, de Milan Kundera. Y, al comentarme Domingo que él lo había leído hace muchos años, quise indicarle por que parte de la novela iba mi lectura y, además, recordarle una idea encantadora que acababa de leer hacía poco en una de las últimas páginas alcanzadas.

 

Él, de un salto, ha entrado en la casa y ha salido con su ejemplar del libro. Curiosamente es de la misma edición que el que estoy leyendo yo. Mientras se acercaba a mí con el libro entre sus manos, Domingo ha dudado sobre si lo había terminado o no. Un rústico y casero marcapáginas (un trozo de tira de cartón de empaquetar tartas) marcaba un punto hacia el último tercio del libro.

 

Me lo ha pasado y, al abrirlo, he descubierto que el tartapáginas de Domingo, en su copia del libro, estaba esperando, durante años, en la misma página donde yo, un par de horas antes, dejé mi lectura.

 

Y no sólo eso, unas páginas antes de la tarta, una esquina doblada subraya otra página donde aparece la reflexión sobre la preciosa idea que unos instantes antes yo trataba de refrescar en el olvido de Domingo.

 

De dicha página 210 (RBA, 1992, Narrativa Actual) copio:

 

[…]
Ya dije que las metáforas son peligrosas. El amor empieza por una metáfora. Dicho de otro modo: el amor empieza en el momento en que una mujer inscribe su primera palabra en nuestra memoria poética.
[…]

Cuanto más oigo «contra más» peor me pongo

Hay una tendencia cada vez más arraigada en la lengua oral de la piel de toro que me preocupa. Me preocupa hace tiempo, pero ha llegado a un punto al que nunca creí que podría llegar.

Y algunos me llamarán aquí, de nuevo, «talib de la lengua» (ojo, no «talibán», que es plural). Y no me disgustaría porque «talib» en realidad, etimológicamente, es un «estudiante»… Pero bueno, esas es otra historia que debe ser contada en otro momento.

Podéis escuchar el mencionado «uso» a partir del minuto 1:00 de este vídeo. Es un vídeo emitido hace poco en la 2 de RTVE. Me parece sorprendente que en un programa divulgativo de este estilo se use la expresión, cada vez más común por ahí, «contra más…». El vídeo es producción de RTVE en colaboración con Somos.som, S.L. Ambos deberían revisarse los guiones un poquillo, desde mi humilde punto de vista, vamos.

Es posible que pronto la veamos en el diccionario y en la gramática oficial de la RAE, pero hasta entonces lucharé porque no sea así. Aunque los medios de comunicación la comiencen a usar sin pudor (hay un montón de «tertulianos» radiofónicos que lo usan a diestro y siniestro).

Algunos ejemplos correctos:
«Cuanto más ruido hacemos menos se nos oye», «cuanto más leo menos veo la televisión», «cuanto menos escucho más sordo parezco», «cuanto más me ilustro menos errores cometo», «cuanto más divulgo más dudo», etc.