Desde que te dejé

Hace poco supe que una de mis bandas favoritas, The Avalanches, publicaría disco nuevo (el segundo) para el 2012. Espero que sea verdad y que no lo demoren más porque después del primero nos han tenido en vilo un montón de años ya (10, ni más ni meno).

Os dejo dos de los mejores vídeos (y dos de las mejores canciones) que se han hecho en lo que llevamos del s. XXI. Y llevamos bien poco. A disfrutarlos y a esperar ansioso la llegada del nuevo disco:

Los dos temas siempre me ponen una sonrisa en la boca e incluso me incitan a bailar, algo que siempre es de agradecer.

A parte de su página oficial en MySpace se les puede seguir en Twitter y en Facebook. Haceos fans, no os arrepentiréis.

Se escapa…

Entre los dedos

Hay días de esos en que tienes la clara sensación de que la vida se escapa entre los dedos. La tenías casi amarrada y se escurre sin que puedas hacer nada. Sí, queda algo que parecen restos en un dedo aquí y otro allá… Pero lo más grande se ha escapado.

«Te deseo lo mejor», me dicen en un mensaje. Sé que es cierto y sincero, pero no puedo evitar pensar que «lo mejor» se me escapa. La inevitable y certera emoción de que el tren sale y no alcanzo a montarme.

Bueno, supongo que no importa, otros trenes vendrán. Otros jefes de estación los detendrán y los harán partir. Otros viajes nos esperan.

Mientras, seguimos en el andén. ¿Verdad papá?

Levedad (Charla de Domingo I)

La insoportabel levedad del ser, de Milan Kundera, RBA
Hoy, tras las tareas vespertinas, hemos tenido un rato de «charla literaria». Porque, aunque siempre nos reímos al decirlo, es cierto: Domingo y yo hablamos mucho de literatura. Entre otros temas.

Esta tarde, cayendo ya el sol, en el porche de su casa, comentábamos mi apasionante lectura actual: La insoportable levedad del ser, de Milan Kundera. Y, al comentarme Domingo que él lo había leído hace muchos años, quise indicarle por que parte de la novela iba mi lectura y, además, recordarle una idea encantadora que acababa de leer hacía poco en una de las últimas páginas alcanzadas.

 

Él, de un salto, ha entrado en la casa y ha salido con su ejemplar del libro. Curiosamente es de la misma edición que el que estoy leyendo yo. Mientras se acercaba a mí con el libro entre sus manos, Domingo ha dudado sobre si lo había terminado o no. Un rústico y casero marcapáginas (un trozo de tira de cartón de empaquetar tartas) marcaba un punto hacia el último tercio del libro.

 

Me lo ha pasado y, al abrirlo, he descubierto que el tartapáginas de Domingo, en su copia del libro, estaba esperando, durante años, en la misma página donde yo, un par de horas antes, dejé mi lectura.

 

Y no sólo eso, unas páginas antes de la tarta, una esquina doblada subraya otra página donde aparece la reflexión sobre la preciosa idea que unos instantes antes yo trataba de refrescar en el olvido de Domingo.

 

De dicha página 210 (RBA, 1992, Narrativa Actual) copio:

 

[…]
Ya dije que las metáforas son peligrosas. El amor empieza por una metáfora. Dicho de otro modo: el amor empieza en el momento en que una mujer inscribe su primera palabra en nuestra memoria poética.
[…]